Al fin lo puedo contar.
Quizá, lo más emocionante, o casi morboso, para el lector desconocido, sea saber que muchos de mis mejores amigos también se enterarán de lo que ha ocurrido en mi vida por estas líneas. Así que antes de nada, les pido a ellos que me perdonen y entiendan todas las circunstancias que relataré a continuación.
Hace dos semanas me llamaron para decirme que era finalista, junto con sólo otra persona, del Premio Barco de Vapor. Algunos ya sabrán que éste es el premio más importante de literatura infantil a nivel nacional y uno de los más importantes a nivel internacional. Otros sólo reaccionarán cuando diga que la dotación económica del premio es de 100.000 euros o que la que entregaba el galardón era la Princesa Doña Letizia. Para mí, como podrá imaginarse, los puntos más relevantes eran el uno y el dos, con una irresistible atracción involuntaria hacia el dos.
Después de pasar las dos semanas más tensas de mi vida, no voy a ser yo ahora la que cree incertidumbre, así que os lo diré ya: No, no gané.
Me había hecho a la idea de “no ganar” (ayer dije “perder” y un editor se enfadó, así que no lo voy a decir más), pero me he dado cuenta de que la esperanza es una cosa imposible de anular. No responde a razonamientos de ningún tipo. Siempre piensa que va a salirse con la suya. Y otra cosa que he descubierto en mí, estas dos semanas tan intensas, y que no me gusta demasiado, es la ambición. Digamos que he llegado a tener verdaderas broncas conmigo misma. Cuando me llamaron para decirme que era finalista no me lo podía creer. Nunca pensé que esa novela, que ni siquiera había escrito expresamente para ese premio sino para otro menos importante, fuera a llegar tan lejos y pudiera ser considerada la segunda mejor entre las 257 obras que se presentaron. Aún no lo entiendo. Y sin embargo, a los pocos días, la alegría de ser finalista fue dejando paso a la ilusión de ganar. Pensamientos que surgían como mariposas revoloteando en mi cabeza y que yo aplastaba enfadada. Por dios santo, ¿es que nunca puedo estar satisfecha? ¿Siempre tengo que querer más?
Imaginad lo que ha sido controlar y mantener a raya esa esperanza, para no deprimirme en el caso de no ganar, borrar de mi mente esos 100.000 euros de premio y al mismo tiempo cultivar la alegría de haber quedado finalista. He tenido que ordenar mis emociones como en un maldito jardín zen. Por otra parte, cuando uno intenta hacerse a la idea de que no va no ganar, no ayuda el hecho de tener que preparar unas palabras para “el minuto de gloria”, por si acaso, memorizar cómo hay que saludar a las autoridades y en qué orden y buscar una indumentaria adecuada para la ocasión. Otra cosa que me impresionó bastante fue entrar a la Real Casa de Correos, donde está el reloj en la Puerta del Sol (pero eso no era un decorado como los de barrio sésamo?!), atravesando una alfombra roja, un cordón policial y a un montón de gente expectante apoyada en las vallas (os remito al punto tres del párrafo dos).
Como yo vivo en Madrid, no fue necesario que me desplazara a ningún sitio, pero la Fundación SM pagó los gastos del viaje de mi hermana (mi acompañante oficial) y nos hubiera proporcionado también el alojamiento si lo hubiéramos necesitado. Además, la persona que hablaba conmigo por teléfono era prácticamente un ángel. Puede decirse que la amabilidad y atención de la organización hacia los finalistas es directamente proporcional a la crueldad del procedimiento, ya que el jurado se reúne unas pocas horas antes de la gala y la plica se abre en directo y ante notario, tras unos interminables discursos de las personalidades asistentes. Es de verdad una de las situaciones más angustiosas y al mismo tiempo emocionantes por las que he pasado nunca.
Hace un año tomé la decisión más traumática e importante de mi vida (que siempre había ido un poco a la deriva, como si no fuera yo, sino otro, quien escribiera el guión) dejé la agencia donde estaba y me fui a mi casa a descansar y a escribir. Supongo que muchos pensaron que me retiraba de la publicidad de primera división (de hecho, me he retirado, no tengo el más mínimo interés en volver a ella) y que eso de escribir era el típico rollo que se dice para parecer que te vas al paro pero con dignidad. Pero yo le dije a un amigo “mira, si me dieran ahora mismo a elegir entre ganar el Gran Premio de Cannes o el Premio Barco de Vapor es que no tendría ninguna duda!! Me hace mil veces más ilusión lo segundo!!” y eso fue determinante para que tuviera claro mis prioridades y decidiera no seguir dejándome el alma en un trabajo, que realmente es apasionante, pero que no me compensaba. Así que cambié de rumbo, radicalmente, y cualquiera que estuviera cerca de mí por entonces y me viera, podrá creerme cuando diga que esos cuatro meses que estuve en casa escribiendo fueron los más felices de mi vida. Escribir, es sin duda, la mejor manera que existe para mí de entender, soportar y disfrutar la experiencia de estar viva. Y un año después de haberle dicho eso a mi amigo, he ganado un premio y me he quedado muy cerca de otro que me parecía totalmente inalcanzable. Y entendiendo los premios como un reconocimiento, como una manera de que el mundo te diga “no estabas loca, si has llegado hasta aquí es que no lo haces tan mal”, está claro que debo seguir haciéndolo.
El otro día iba en el autobús, con los ojos cerrados, y esa impertinente ilusión de ganar de la que he hablado antes me inundaba la cabeza durante un simple instante, antes de que consiguiera bloquearla y pensar en otras cosas. Pero en tan sólo un segundo, el estómago se me había encogido, y un temblor me recorría de arriba abajo y me preguntaba cómo era posible que un simple pensamiento, tan sólo esa ilusión momentánea me causara una reacción física tan violenta y tan inmediata. No recuerdo haber sentido nada así de fuerte, salvo un par de veces en las que he estado enfermizamente enamorada. Y esto no era enfermizo, era bueno, y completamente real.
Sé que este post es improcedente en esta nueva etapa de egoismo.com y la verdad es que no pretendo volver a esa línea editorial absolutamente exhibicionista de otros tiempos. Sé que es un post muy en plan “cómo molo”, pero es que realmente estoy tan contenta, tan feliz, que si no lo contaba iba a estallar. Ayer, después de la desilusión inicial, me lo pasé realmente bien en la fiesta, conocí a mucha gente que fue amable conmigo y recibí la estupenda noticia de que están interesados en publicar el libro, aunque no haya ganado (cosa que no quiero creerme hasta que me llamen formalmente para firmar un contrato).
Así que ahora estoy en ese punto que imaginaba hace una semana, cuando estaba sola en una sala, mirando por la ventana cómo se estremecían los árboles, a punto de reventar por la primavera, y charlaba conmigo misma:
“¿qué pasará? ¿qué pasará? ¿se irá toda esta ilusión si no gano? ¿cómo puedes decir eso, con todo lo que ha pasado, con todo lo que hemos hecho, todo lo que ha ocurrido en este último año? ¡Pasarán más cosas!”
Y miraba por la ventana y veía a la gente ir y venir por la calle y a los pájaros revolotear inquietos y seguí allí sentada e inmóvil, pero violentamente agitada por dentro, pensando: “¡ah, la vida, la vida!”
No me cabe duda que en el futuro, la llegada de la web 2.0 será recordada como la época más tonta de internet. La era de los internautontainas.
Víctima de estos tiempos, siento que mi vida virtual se ha convertido en una especie de peregrina peregrinación de una red social a otra, con mis datos a cuestas, como los bártulos de una familia gitana. Ains, qué cansino.
Me decía alguien el otro día que no entendía muy bien a qué se le llamaba web 2.0 exactamente. Lo que yo le dije, pasándome la definición técnica por el forro, claro, es que forma parte de la web 2.0 toda herramienta web que parezca fácil, cómoda, sencilla y sobre todo muy útil, pero que acabe siendo un tormento.
Teniendo en cuenta que probablemente yo no conozca ni un 3% de los sitios que ofrecen sus “eficientes” servicios gratuitos en la red, no me quiero ni imaginar la neurosis que tiene que sufrir una persona mejor informada, cuando encuentra un link de interés. Lo que a mí me ocurre cuando por la mañana reviso mi google reader y leo un post interesante, que me gustaría recordar, se acerca bastante a un bloqueo del sistema, porque las posibilidades son muchas y mi procesador mental es lento. Veamos, lo que puedo hacer es:
-Señalarlo con una estrella (esto es fácil, pero la carpeta de “elementos destacados” es como un baúl sin fondo, donde luego a ver quién encuentra algo).
-Compartirlo en facebook (sólo que facebook ahora me da asco).
-Postearlo en tumblr.
-Anotarlo en Google Notebook.
-Taggearlo (taguearlo?) en del.icio.us.
-Twittearlo (a pesar de que simplemente con conjugar este verbo ya me siento gilipollas).
-Otros.
Total, que lo que hago es levantarme e ir al baño o mirar mi correo en otra pestaña y dejar la decisión para más tarde. Aunque más tarde, por supuesto (y me refiero a unos cinco segundos), eso que me parecía tan interesante se ha deshecho en el olvido y yo ya estoy a otra cosa mariposa.
Otro factor que complica la situación es que de cada uno de esos servicios hay varias páginas similares. Qué uso? twitter o powce o jaiku? flickr o picasa o el album de facebook? Subo mis fotos ochenta y cinco veces y las taggeo otras tantas como una imbécil? No, tranquila, para solucionar este problema surgen otras páginas que lo agrupan todo. Qué inteligente! Una única página desde donde controlar tu twitter, tu flickr, tu blog, tu last.fm, tus feeds, etc. Una página que acaba hecha un cristo y que dejas abandonada a la primera de cambio. Una vez, caminando por la calle, tuve una reveladora conversación con Manuel. Hablábamos de facebook:
Él: Pero qué ventaja tiene?
Yo: Pues que puedes tener todas tus cosas juntas y ordenadas!
Él: Pero para eso está el ordenador!!
Claro. ¡Claro, joder! Para eso está el ordenador. A veces hay que pararse un momento y hacer este tipo de reflexiones. Otro día, me ocurrió lo mismo cuando comentando algo sobre un ilustrador con un chico del trabajo, me dijo: “Un momento”, pasó un par de hojas de una libreta cochambrosa que tenía al lado y copió una dirección en el navegador. A mí, sólo de ver una url escrita a lápiz se me cayó un ojo.
Para encontrar un término medio entre eso y volverse uno completamente loco, os comentaré lo que opino sobre algunos servicios de la web 2.0 que más uso (vuelvo a recordar que me la sopla la definición técnica, sobre todo porque parece que discutir acerca de lo que se engloba o no en ella se ha convertido en un requisito indispensable para obtener el título de idiota):
del.icio.us: Para mí todo este horror empezó con del.icio.us. Esa desazón, esa culpabilidad de no haber hecho los deberes. De no haberte llevado la cámara de fotos a ese evento tan importante. Esa sensación de que todo se perderá si uno no lo almacena bien ordenado con cincuenta tags, por si dentro de un tiempo quiere recuperarlo… Dios, intento almacenar y ordenar mis enlaces en del.icio.us pero me cuesta tanto como no dejar la ropa amontonada en una silla cuando me desvisto.
Flickr: Me compré una cuenta pro de flickr y fue como si tirara mi dinero a una papelera. Joder, ¡si no hago fotos!
Gmail + Google Documents + Google Reader: Éste es el combo del amor que me da la vida. A veces, si pienso en todo lo que google ha hecho por mí, me da la sensación de que si no existiera él, yo estaría por ahí, abandonada, tirada en las calles o muerta.
Twitter: A dios puse por testigo de que no me haría un twitter. Twitter, twitter, follower, follower. Puede haber una cosa más tonta? Sobre twitter y su aparentemente justificado uso para alardear de lo guay que es uno, podría escribir una tesis sociológica. Pero sí, al final me lo hice. Lo tengo en privado (por favor, no me añadas si no me conoces en persona) y resulta que es genial para mantener el contacto diario con amigos que sólo veo de vez en cuando. No requiere la atención del mail o el chat, y usándolo con twitterrific, es cómodo, limpio e indoloro. Así que donde dije digo, digo diego.
Last.fm: Me gustaría no conocer last.fm para volver a descubrirlo de nuevo. Esta web es un tesoro y a ella le debo grandes descubrimientos musicales. No voy a explicar todos los servicios que ofrece porque me da pereza y porque son muchísimos! Lo único que advierto es que last.fm es un arma de doble filo y sin que te des cuenta, puede arruinarte la vida. Literalmente. Si uno entra en el juego de ver lo que está escuchando en ese momento fulanito o sentirse espiado por menganito, la cosa acabará mal. Personalmente, puedo decir que en Navidad decidí entrar sólo a last.fm, puntualmente, para buscar grupos o enterarme de conciertos, y mi vida y mi salud mental han mejorado en un 150%. Y no exagero.
Facebook: Antes de que facebook se conviritiera en una especie de vertedero virtual lleno de spam y de forwardismos, la verdad es que me encantaba. En mi opinión, por lo que Facebook se ha hecho tan popular es porque todo el mundo usa su nombre real y puedes encontrar a muchos de tus conocidos. Mandar una invitación para agregarte como contacto no es tan invasivo ni requiere tanto esfuerzo como mandar un mail, y aceptarla no te compromete a nada. Es una manera de estar en contacto con la gente sin decirse nada. Y eso está bien. O por lo menos a mí me lo parece. Es cómodo. Ahorra tiempo. Otro de los puntos fuertes de facebook para mí es la herramienta que tiene para compartir links. Pulsando un simple botón en la barra de marcadores, facebook te organiza un minipost con thumbnail, descripción y tu comentario. Y no sólo eso. Con pegar una url en un mensaje a un amigo, facebook te monta lo mismo instantáneamente y si es un vídeo, hasta te sale en pequeñito para poder reproducirlo. Reconozco que esa herramienta de facebook me alucina tanto que me ha hecho mirar a google a veces con malos ojos. Vale, vale que nadie sea perfecto y pueda cometer errores, pero ¿orkut? Uffff.
Tumblr o la recomendación encubierta: Sí, por fin llegamos al motivo del post, que no es otro que contar que me he hecho un tumblr. O más que hacérmelo -lo cual fue hace tiempo cuando me enseñó Isra el suyo-, es que he decidido usarlo. Pensé que estaría bien ir guardando sobre la marcha todo lo que voy viendo y me gusta, en un sitio mejor que facebook o del.icio.us, y pensé que quizá a los lectores de esta página les interesara lo que a mí me interesa. Pero entonces qué hacer? Ponerle un plugin a wordpress para que funcionara como tumblr y mezclar estos posts y los posts express? Poner otro plugin para que me los separase? Integrar tumblr o un similar en la parte izquierda del blog? Unificar los feeds? Otra vez la parálisis. Estuve una tarde entera sin poder decidir cual de las posibles soluciones era más “usable”, más práctica para el lector. Hasta que dije: Y A MÍ QUÉ ME IMPORTA? Por dios, este blog se llama egoísmo! Así que esto es EGOINSTANT, y si alguien quiere leerlo bien, y si no, me es indiferente.