Me gusta la gente que siempre tiene caramelos y los ofrece en el momento más inesperadamente oportuno. En realidad me gusta la gente que siempre tiene de algo. Por ejemplo, de pequeña me gustaba que mi padre siempre tuviera pilas y mi abuela siempre tuviera de todo. Es un rasgo que me atrae porque me imagino a esa persona abasteciéndose secretamente de esa mercancía, por sus propias y privadas razones, en un acto completamente independiente y ajeno al resto del mundo. No es como cuando en mi casa sólo había trescientos litros de leche y mi madre decía en voz alta “se nos está acabando la leche, tenemos que comprar más”, no. Es como cuando mi padre, en algún momento y lugar al cual yo era totalmente ajena, compraba pilas y las almacenaba en el cajón de su mesilla de noche sin decir nada ni darle explicaciones a nadie. Es a eso a lo que me refiero.
Por supuesto no vale el tabaco ni nada que cree una dependencia física, porque entonces las razones no son las mismas, sino otras muy poco interesantes a mis ojos. Vale si es cacao, chicles, pañuelos, pintalabios, bolígrafos o cualquier cosa que se gaste y haya que reponer y vale si la persona SIEMPRE va provista de ello.
Pero el caso de los caramelos es especial porque los caramelos se ofrecen, digamos que están hechos para ofrecer, y son una opción bastante más original pero también más arriesgada que los chicles. No voy a pensar igual de alguien que siempre tiene y ofrece pictolines (uf), que de alguien que siempre tiene y ofrece juanolas (mejor, aunque las odio) o alguien que siempre tiene y ofrece unos repugnantes caramelos de anís o de coco (fatal). Sin embargo, todos ellos me parecen interesantes por ese rasgo de individualidad que yo veo en abastecerse de algo y aún más porque la mercancía elegida sean los caramelos. Hasta el tipo de la leyenda urbana que repartía caramelos con droga a la salida del colegio me ha parecido siempre alguien brillante por su ingenioso método, pero sobre todo por su innegable estilo.
Durante una época trabajé con un amigo que siempre tenía y solía ofrecerme caramelos masticables Ricola “flores de saúco”. Yo iba a decirle cualquier cosa seria e importante, totalmente decidida, y el simple gesto de abrir la cajita ante mí, me desarmaba por completo. Probad a hacerlo vosotros mismos. En medio de una situación social, cuando haya varias personas enfrascadas en una conversación o cuando veáis a alguien completamente seguro de si mismo, probad a abrir una brillante cajita metálica de deliciosos caramelos masticables desconocidos para casi todo el mundo y comprobaréis cómo durante un instante las personas titubean, y centran toda su atención en el interior de la pequeña cajita, de VUESTRA pequeña cajita, ésa que estáis sosteniendo en la mano. Si titubean demasiado puede animárseles diciendo “son sin azúcar”, pero en un tono bajo que no distraiga su atención de los caramelos. Entonces, la mayoría de ellos cogerá el caramelo y se lo meterá en la boca. Puede que todo dure apenas tres segundos y la conversación se reanude, pero ahora todos tienen en la boca VUESTRO caramelo y están paladeando ese extraño sabor e intentando evitar que se les pegue a los dientes. Esa sensación que vosotros tan bien conocéis, puesto que sois el origen, la fuente, los dueños y señores de los caramelos.
Entre la persona que suele ofrecer caramelos y la que los suele aceptar se establece una relación especial, sobre la que no me voy a extender más porque todos habéis visto el anuncio de los werther’s original, un caramelo detestable, por cierto. Y porque supongo que mis lectores tienen una vida propia con sus propias personas especiales expendedoras de caramelos, sobre las que sabrán reflexionar y sacar conclusiones sin mi ayuda. Sin embargo, sí que doy por supuesto que no tenéis ni la más remota idea de lo maravillosos que son estos caramelos Ricola “flores de saúco” y por eso hablaré más de ellos. Estos caramelos tienen un sabor un poco raro que, como los mejores sabores del mundo, gusta mucho más la segunda vez que se prueba. Son masticables (en la caja pone “pastillas”, porque también los hay en versión caramelo), aunque según la temperatura o la antigüedad de la caja pueden estar un poco duros (lo cual no desmejora su efecto). Van en una cajita metálica morada, que hace “clic” cuando se cierra y cuando se abre, y son espantósamente caros. También he descubierto que los venden en bolsitas de plástico, cosa que viene muy bien si quieres reciclar cajitas. Y no suavizan la garganta ni dejan la boca fresca ni son fáciles de encontrar.
Yo nunca he sido, ni seré capaz de mantenerme SIEMPRE abastecida de algo (si lo consiguiera, quizá dejaría de admirar ese rasgo), pero cuando llevo en el bolso estos caramelos me siento algo más querida y acompañada en el mundo. Cuando camino sola por la calle cansada o triste, saco la cajita metálica, me meto uno de estos caramelos en la boca, y me siento mucho mejor. Lo malo es que como soy una persona enfermizamente compulsiva, luego me como treinta y cinco más y me quedo sin caramelos.
Pero creo que de verdad merece la pena hacer el esfuerzo de conseguirlos, almacenarlos, dosificarlos y compartirlos, porque los caramelos son algo realmente especial. Por ejemplo, la última vez que vi a mi amigo y nos estábamos despidiendo, justo cuando yo me acababa de sentar en el taxi, él, sin decir nada, me puso una cajita de Ricola “flores de saúco” en la mano, cerró la puerta y me sonrió desde el otro lado de la ventanilla. Y mientras el taxi arrancaba y se alejaba, yo sabía y él sabía que sólo con ese gesto y ese pequeño regalo había conseguido hacerme infinitamente feliz.

Me han entrado unas ganas terribles de salir a comprar y probar esos caramelos
… y pertenezco al club de los que se abastecen de leche innecesariamente :S
Saludosssss
¡Demonios, no se como consigues contar esas historias a partir de una simple cajita de caramelos! Yo hace tiempo llevaba siempre conmigo una caja de caramelos Fisherman’s Friends, que son esos que te dejan un esófago nuevo. Solía advertir del peligro antes de ofrecer alegremente. Hace tiempo que ya no tengo de esos por casa. Será plan de retomar las viejas costumbres. Gracias! ;P
Yo siempre llevo Ricola Hierbas Suizas, por dos razones. Porque soy fumadora y en las distancias cortas no quiero matar a mi interlocutor, y porque de pequeña, mi abuela me daba para el recreo un pequeño paquetito de papel de plata que incluía una medianoche deliciosa de algo realmente refinado (nada de mortadela con aceitunas con la cara de Mickey Mouse, ni “”"paté”"” la piara), media mandarina pelada y un caramelo ricola… de postre. Me encantaba que mi abuela pensara en el postre para la merienda de media mañana. Y sí, me hace sentir acompañada… es mi pequeño secreto…
Cuando era pequeña en el dormitorio de mis padres había una pequeña cajita metálica con forma de corazón y siempre que miraba había dentro un caramelo de violeta, entonces era demasiado pequeña para siquiera planteármelo pero ahora me intriga muchísimo cuando lo rellenaba mi madre, cómo se acordaba siempre de hacerlo, pues no recuerdo encontrar la caja vacía ni una sola vez, ni como empezó todo aquel juego o como terminó.
Había olvidado esto, gracias por tu post, que me devuelve un bonito recuerdo.
Vaya, yo misma había olvidado que mi primer novio tomaba siempre caramelos de Fisherman’s Friends, y es verdad que si no te avisan puedes creer que será lo último que comas en tu vida. Tengo asociado ese sobre blanco con el dibujo del barco a una mezcla de drogas, Jeffrey Dahmer y adulterio. Argh, qué mal rollo.
¿Alguien dijo Jeffrey Dahmer? Él sí se merece un post. Y nada de mal rollo, a él lo que le pasaba es que no quería estar solo. Pobrecito.
Admiro profundamente tus textos y aunque lamento que nos hayas dejado huérfanos de muchos que aun no había guardado, no puedo dejar de agradecer los nuevos.
Y ya que lo permites,compartiré mi principal vivencia en el terreno de los caramelos.En su momento trabajé en una nave textil en la que entre mas de cien de mujeres eramos cuatro chavales,supongo que no por otro motivo la encargada me permitía pasar la jornada con rebuscados recadillos por aquí y por allá.El mejor modo de pasar las horas era pararme a charlar al haber ocasión.Un día que tenía unos caramelos empecé a usarlos para despedir las conversaciones más entretenidas y desde entonces raro era el día que no iba surtido de un puñado de ellos para premiar los momentos más dulces de cada jornada laboral.
Saludos
caramelos…. tal vez sea mas europeo… aca tal vez te ofrescan cosas mundanas y sin sentido… pero la verdad es que como lo cuentas se antoja comprar caramelos… mi abuelo siempre tenia en su despensa chocolates gringos y nunca se sabia en que rincon de la despensa los tenia pero si buscabas era probable que los encontraras como el tesoro que el trataba de ocultar a sus nietos pero que al mismo tiempo ofrecia como un entretenimiento de busqueda…….
si eso creo que es todo… no me ha tocado ver gente con caramelos. exceptuando a mi tia que seguido va a españa a visitar a una amiga y regresa con unas pastillas que saben como a esencia de alguna flor extraña, tal vez violeta…. y los tiene frente a su espejo, pero se le acaban y hasta que vuelve a viajar se abastece ese espacio frente a su espejo
Vaya pedazo de cambio!
Felicidades.
Te escribo desde Colombia y por casualidad en una visita supe de la existencia de estos caramelos porque una señora de avanzada edad me contó que los consumía para aliviar una tos incomoda que la acompañaba y ella dice que los dulces son medicinales, además ella se encontraba angustiada porque no tenía más y estará aqui en Colombia hasta Marzo. Me pareció interesante escribirles.
Un abrazo Constanza.
Pues … en mi caso, no puedo vivir sin cocolates, los que sean, pero me há entrado curiosidad por encontrar a toda costa carmelos con sabor a flores, especialmente si son de rosas o violetas, o a lilis.
En realidad dudo que se fabriquen éstos últimos, pero si alguien sabe dónde puedo comprarlos (o también tisanas de flores), me harán pasar un momento inolvidable.
Ah, y a la escritora felicidades por disfrutar ésos detalles hermosos de la vida y compartirlos con nosotros.