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Jazz, Música

Gene Krupa & Anita O’Day

12.21.07 | 2 comentarios

Pensaréis “nos tiene abandonados!” y pensaréis con acierto. Pero es que, amigos, sopla un viento frío en la calle y en el alma y yo me encuentro sola, en medio del cambio de estación, sobreviviendo, básicamente, a las tristezas navideñas. Sin embargo, más que apenada por poseer una naturaleza tan voluble y sensible a los giros del planeta, no deja de maravillarme mi increíble habilidad al elegir mis lecturas. ¿Se puede tener tan buen ojo como yo? ¿Se puede ir a parar uno con libros más estupendos que los que yo estoy leyendo estos días? En fin, así voy, saltando grácilmente de unas páginas a otras, evitando las oscuras y gélidas aguas del final del otoño.

Pero ya hablaremos de libros otro día. Hoy he venido aquí a haceros un regalo. Porque me siento generosa y porque la navidad me parece una época tan terrible que de verdad enardece mi espíritu solidario. Yo no me quejo ni de hipocresías ni de tradiciones, ni me exaspero con los tópicos. Yo sólo siento la hostilidad del clima y el golpe bajo del alumbrado navideño que se vuelve cegador, casi hiriente, si se mira con los ojos empañados.

A mí me gusta estar sola, pero en navidad el resto del mundo se empeña en que las personas solitarias nos sintamos miserables y tengamos que correr a reunirnos, para sentirnos aún más solos, entre un montón de gente. Y eso es algo que detesto.

Para combatir todas las cosas detestables del mundo tengo dos discos especiales. Los escucho siempre en la más absoluta intimidad y siempre me hacen sentir bien.

Éste es uno de ellos.

Gene Krupa y Anita O’Day son dos grandes figuras del jazz, cuya carrera y discografía por separado es extensa e inagotable. Por un lado Gene Krupa fue uno de los mejores baterías de la historia y aparte de estar en la cárcel unos meses por posesión de marihuana, el resto del tiempo lo dedicó, básicamente, a darle caña al asunto. Por otro lado, Anita O’Day es una de las Grandes y ya hablé de ella aquí, una vez, en mi anterior vida. La de Anita, su vida, también fue sorprendentemente larga, si tenemos en cuenta la cantidad de heroína que consumió habitualmente durante unos años y que llegó a convertirse en una homeless, practicamente. Sin embargo, me gusta pensar que Anita terminó bien y después de escribir su biografía “High times, hard times”, murió anciana y en paz.

Pero remontémonos a principios de los 40, cuando ambos eran jóvenes y estaban empezando. Gene Krupa montó su propia orquesta y reclutó a Roy Eldridge, saxofonista, y a Anita O’Day, vocalista. Ella salía a cantar como si fuera una miembro más de la banda, rompiendo con la típica imagen que se tenía de las divas del jazz de la época. Me gusta pensar en Anita como una persona divertida y rebelde porque es esa la energía que me transmiten estas grabaciones de su primera época. Éste fue su primer gran éxito:
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Y ésta, la misma canción interpretada por ellos, cuando se reunieron 15 años después.

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Me gusta escucharlas seguidas para apreciar la diferencia en la voz de Anita, que se ha vuelto más aspera y grave. A pesar de ser una cantante blanca, hay algo en su forma de cantar que recuerda a la gravedad y la tristeza de Billie Holiday. Suelen decir de ella que sus puntos fuertes eran su sentido del ritmo y su capacidad de improvisación, pero esas palabras no adquieren un verdadero significado hasta que uno ve este vídeo:
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A mí me parece que si quisiera, ella y sus guantes podrían marcar el ritmo del mundo. Y no, no hay ninguna grabación de Sweet Georgia Brown que se pueda comparar con ese directo.
Cuando escucho esas viejas canciones, escritas por personas que vivieron y murieron hace tantos años, pienso que todo lo triste que yo puedo estar, todas las cosas que puedo sentir, ya las sufrieron muchos otros antes. Cuántas personas, desde 1942, habrán escuchado y tarareado Skylark (en horribles versiones también, todo hay que decirlo) pensando que era exactamente lo que ellos sentían? No sé si será un consuelo de tontos, pero a mí esta canción me hace sentir menos sola. A veces, en momentos especialmente angustiosos, me he sorprendido a mí misma tarareándola, como un bálsamo tranquilizador.
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Y por eso, este disco es mi regalo. No quiero saber si os gusta o no. Ni siquiera me sentaría a escucharlo con ninguno de vosotros. Este disco es algo mío, privado e íntimo, que vengo a compartir aquí, como tantas otras cosas, sin saber muy bien por qué, ni con quién. Y sin quererlo saber tampoco.

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