Hoy he venido aquí a hablar de la pantera rosa, pero antes, quería tranquilizar al maltratado lector, aclarándole que no voy a dedicar tres párrafos a alabar el jazz de Henry Mancini ni a aturdirle con pedantes referencias a guionistas e ilustradores. Principalmente, porque de lo que voy a hablar es del bollo de Bimbo.
Tampoco habrá en este post conmovedoras descripciones de recuerdos de mi infancia, porque el lugar que ocupa la pantera rosa en mi memoria se remonta a antesdeayer. Supongo que cuando era niña comía panteras rosas, pero también supongo que bebía agua, y no veo nada de especial en ello, cuando puedo, si quiero, alargar la mano y pegarle un trago ahora mismo a la botella que tengo aquí al lado (de agua, he dicho).
Un error que comete a menudo la gente, no sé por qué (como tantos otros errores que yo NO cometo) es idealizar cosas de la infancia que se pueden disfrutar a diario. Está bien mitificar momentos, sensaciones y ese tipo de cosas. Pero mitificar objetos que se pueden encontrar hoy en día en cualquier tienda no tiene el menor sentido. La plastilina esa, por ejemplo, cómo molaba la plastilina esa blandita, se dice a sí mismo un conductor de la EMT, con mirada soñadora, mientras hace huelga. Pues resulta, conductor de la EMT, que el play doh se sigue fabricando y que ahora tiene unos juegos mucho mejores que los que había cuando éramos niños. Y no hace falta tener hijos o sobrinos para saberlo. Uno se puede pasear por la planta de juguetes del Corte Inglés como el que se da un paseo por el retiro. Así, de gratis. Y sorprenderse con los estudios de tatuajes de juguete y demás novedades. Si tanto te gusta el play doh, puedes incluso oler a play doh cuando quieras. La curiosidad no es una facultad que desaparezca a los 13 años. O no debería serlo.
Hubo una época en la que desayuné, practicamente a diario, la explosiva combinación de pantera rosa, triskys y una coca cola. Algunos de mis compañeros de trabajo, superada la impresión inicial, me miraban con envidia y decían “pantera rosa! qué mítica!”. Qué no! Que no es mítica! Que la venden en el chino. Baja y date el gusto, cómprate una. No se te va a desintegrar el tracto intestinal por comer un día una cosa que no quisieras que comieran tus hijos. De hecho, no tienen por qué enterarse.
Y luego, en el extremo contrario, está la gente enganchada a la pantera rosa. He conocido muchos casos en mi vida. La pantera rosa es un bollo que a veces, no siempre, aparece en las máquinas de comida de las empresas y esas máquinas son caldo de cultivo de las peores adicciones. Una vez, un tipo con el que trabajaba se me acercó en una fiesta y me dijo “siempre me acuerdo de tus palabras porque fueron uno de los mejores consejos que me han dado nunca en el trabajo -bueno, a lo mejor estoy exagerando un poco, pero yo lo recuerdo así-, cuánta razón: la segunda pantera rosa es siempre un error”. Y lo es, amigos, lo es. Si la pantera rosa vienen en un pack de dos, o si la tenéis muy a mano en una máquina de comida, resistiros, no comáis la segunda. El estómago la rechaza en un 90% de los casos.
Alguien podría pensar, por lo que he dicho antes de mi desayuno diario, que yo misma he estado enganchada a las panteras rosas. Estaba enganchada a las panteras rosas? A los tryskis? A la cocacola? Dios santo, a la autodestrucción? Es posible. Me comía siempre las dos.
Hace mucho ya que dejé de autodestruirme, pero el otro día resolví con éxito dos trámites consecutivos en hacienda y en la seguridad social y cuando salí sólo había una cosa en el mundo con la que podía celebrar mi triunfo: una estupenda y deliciosa pantera rosa. Y no la encontré! Tuve que esperar a por la tarde para tenerla por fin en las manos y admirar su envoltorio, tan blanco y rosa como siempre, y con ese detallazo que se marcan al recordarte que el bollo tiene un 21% de leche. HAY QUE TENER VALOR. Pero así es el espíritu de la pantera rosa. Sarcástico al máximo.
Respecto a su composición, aspecto y sabor, qué puedo deciros que ya no sepáis. No me importa que el chocolate rosa del que va recubierto no sea chocolate. No quiero saber de qué está hecho. El hombre necesita misterios, necesita desarrollar de alguna manera el pensamiento mágico, esa lógica absurda que nos acompaña desde la prehistoria y que no se irá nunca, un tipo de pensamiento que encuentra un violento e irresistible estímulo en el extraño e inescrutable mundo de la alimentación industrial.

Pues yo me he empachado solo viendo la foto. Ese bollo es tan denso que la luz no puede escapar de su interior.
Lo más atrayente de la pantera rosa es su aspecto totalmente antinatural, casi diría que perverso. Cuanto más sintético, mayor es el placer del bollo industrial. A mí, su forma, me recuerda a una tumba. La tumba de Jane Mansfield, quizás.
Pues a mí me encantaba pero ahora, de mayor, no la puedo disfrutar, mi cerebro programado para sentirse culpable por ingerir Es y grasas hidrogenadas me impide disfrutarlas, es horrible. (Así no merece la pena vivir)
Shine McShine: Cómo se nota que eres un profano en el mundo de la bollería industrial. Cualquier experto en la materia coincidirá conmigo en que la pantera rosa, precisamente, es de una densidad media-baja. Y es más, te lo dirá como yo te lo digo ahora, con una a medio comer, aquí al lado.
La mujer estropajo: Total y absolutamente de acuerdo.
jennifer: Hablaremos de esto el viernes. Tienes que salir de ese infierno.
Yo me sentí muy orgulloso cuando descubrí que mi hermano de 6 años desayunaba phoskitos como antaño hacía yo, después me comento que estaba de moda jugar a la peonza y que si conocía el juego, a perro viejo le fue a preguntar haha.
Puede que los phoskitos no sean lo mejor para su salud, pero teniendo en cuenta que dentro de 10 años beberá alcohol, fumará y espero que nada peor.Ahora mismo un phoskito me parece lo más inocente del mundo.Me pasaré a menudo por su blog si no le importa, me gusta como escribe.Un saludo
Debo de ser la única persona del planeta que jamás en su vida ha comido una pantera rosa. Me dí a otros bollos igual de insalubres y recomendables en mi tierna infancia y, como tú, no los hecho de menos, sigo martirizando mi alma de vez en cuando
Lo de la colonia Play doh es sencillamente impresionante, menudo descubrimiento!:
“Fresh-from-the-can, full-of-potential, childhood memories (…) meant for highly-creative people, who seek a whimsical scent reminiscent of their childhood (…) Close your eyes and you’re back in kindergarten all over again!”
Yo a la “highly-creative people” que quiera retrotraerse a su tierna infancia lo que le recomendaría sería directamente defecarse encima: nada como un olor a cacota blanda en la oficina para recordar esas tardes de babi y retortijones, no? La nostalgia CUESTA.
Celebro que continúe tu adicción a las panteras rosas y al zampabollismo en general, pero me pregunto si te pasaste en algún momento a drogas duras: el cuerno de chocolate, por ejemplo (un menhir de pan hidrogenado de 700gr que albergaba en su seno un océano de sirope hiperazucurado), o la la más elegante y “juvenil” caña rellena, conocida como “la manchacamisas”. Porque eso también es bollería industrial eh.. sólo que camuflada de bollito auténtico, de panadería.. ¡y los hacen en un reactor!
Pues yo también debo ser de los pocos infelices que no ha degustado una pantera rosa. En mis tiempos lo que se llevaba era el bollicao, pero mi madre pensaba que era mejor un bocadillo de chorizo para el recreo del colegio.
Pues yo me como todo lo que lleve azúcar, dan fe las dependientas del Caprabo de debajo de mi antiguo piso cuando pusieron la oferta de 2×1 en cajas de 3 donuts… pero la verdad es que nunca he sentido atracción, sino más bien repugnancia, hacia ese bollo de color rosa. Tiene una pinta tan poco saludable que no sé cómo no lo han prohibido…
La Pantera Rosa apenas tenía promociones. Yo pertenezco al gremio de los chaqueteros: si el bollycao da transformers, ahí voy. Si el phoskitos trae pegatinas de la Justice League, me cambio.
Total, sólo hay 20 años de diferencia entre el primer y el segundo ejemplo, pero, sí: son las pegatinas, no los pastelitos.
Menteabierta: el Phoskito es una apuesta segura. Escasa pero segura. Y tiene un nombre que treinta años después sigue siendo un éxito. Pásese por mi blog cuando quiera.
Erre: Te envidio. Tienes la oportunidad de probarla por primera vez. No sé a qué esperas.
Kroy: Todo, lo he probado todo. Creo que me hablas de “la caracola”, un clásico que nunca me ha convencido demasiado. Y por supuesto que conozco las cañas, pero siempre me han parecido un aperitivo para pasar a cosas más contundentes.
Paula: Poco saludable? No sé de que hablas. Si tiene un 21% de leche!
Kun: Ése es otro tema. De todas formas, yo me liberé de esa esclavitud cuando decidí que los bollycaos con dos gramos de chocolate condensado en los extremos se los iba a comer rita.
A mí el bollycao me pilló un poco más crecidita. Miraba con cierto desprecio a los de dos cursos por debajo, con esa superioridad clásica de cuando un año de diferencia implica pegar o que te peguen, ser alguien o no ser nadie, y pensaba que eso del bollycao era un “quiero y no puedo”. Y lo sigo pensando. El bollycao es a la pantera rosa, a mi parecer, lo que Marta Sánchez es a Madonna.
Yo la pantera rosa la probé ya crecidita, y en mi recuerdo va unida indefectiblemente a un hambre falaz, el que surgía de camino a casa en alguna carretera perdida, después de pasar muchas horas sin comer y bailando desaforada en algún antro aledaño. Pero eran falsas apariencias porque enseguida mi estómago se llenaba. Por eso era entonces perfecta en su densidad y en su pequeñez. Y leído ahora lo de su forma de ataúd y recordando cuán cadavérica volvía yo siempre, mis recuerdos ebrios se han unido para siempre a ella. Amén.
Maldita! Ahora me han entrado unas ganas terribles de zamparme una! Ya! XD
La pantera rosa sólo me gusto en dibujo animado, el pastelito creo que es demasiado dulce y artificial para mí. Lo que sí me parece interesante son las fotografía que van saliendo en tu blog arriba a la izquierda, ¿de dónde las sacas?
Saludos,
Tanakil.
Me rindo, jamás he probado ese pastelito, ni me evoca absolutamente nada.
Bueno, lo más es un pan francés con una cocacola en la tienda que atendíá mi mamá, pero porque me copiaba de los albañiles que llegaban al lugar.
Querida Aracne,
doy una fiesta muy elegante este miércoles.
¿Me recomiendas deleitar a la concurrencia con unas deliciosas panteras rosas?
Siempre tuya,
Beatréchka
Beatréchka, seguro que si las deconstruyes un poco y les pones un nombre en francés que incluya la palabra _Rose_ tendrás un gran éxito.
Tigretón… mmmm…
mmm yo no se a que sabe un bollo de pantera rosa, ya que en México eso no existe, pero si tenemos algo parecidisimo hasta en el color, la única diferencia es que este esta relleno de fresa y tiene chispas de colores arriba (realmente no recuerdo si son de color café o de varios colores). Nuestro rico y poco nutritivo postre se llama Chocotorro, y me parece que no es tan famoso como la patera rosa, y a parte no es un personaje de alguna caricatura, sino una invención de la empresa que los hace. Pero bueno, siempre existen esos momentos en que esta re bueno comerse uno de vez en cuando.
Por cierto, si algún día te das una vueltecita por México (a parte de recomendarte que visites mi muy linda ciudad Guanajuato) compra un chocotorro y tal vez puedas contarme si es que saben similar, o solo tienen apariencia física parecida.
no se porque siempre soy la ultima en comentar…
Pantera Rosa no está mal, pero Phoskito es insuperable. Quizás pueda ser igualado por la palmera de chocolate del instituto.
deverian de pasarlos capitulos y de vender el pastelillo
esmuy hufhhbfbhdfjnhjfnjkdfjfghyfgjfhdgjughjbgjnfgjhgfjgjgbhgjfgjkfkljlggjgduhhjghdjhfjdighfhjhfkfjdhjdfjfhufhfdidfkufujidjhfjirhjirhfuhhfiuhyhuihurihfhfhyghuihfuyryuryfuifhhiykduidysghr8yruyryudgfuigriolkslalkajawrwueoopikjlghstsuisdkjlrguiot0oypklhjgfshgdkljgklgbklfjhgfgsvb yhfbh hjf njksañlsklañlsoksiojjdhjcfjfdmc,v.cx-dñlvñldfñlkdlkjfjndebdhgwyuhgihsjkko2ioi3890908507075479398yjlkdcjkfjknx d cd
la pantera rosa es genial
putos todos
esto de loque ablan son puras pendejadas mal ditos putos ballanse a la verga putos
por que ya no venden chocotorros,sabian rico, si vendieran siguiera comprando ,hojala los vulevan a vender
wow.
grande blog, grande grande.
Autodestruyámonos en rosa (soy el único que cree que los pantera rosa saben a naranja?)
Gracias, me halaga mucho viniendo de ti! Y gracias también por comentar aquí. Ya venía diciendo yo que algo iba mal y es que hace siglos que no me como una pantera rosa (y sí, creo que eres el único).