No puedo evitar emocionarme con las cosas que me gustan. Si fuera por mí, escribiría ahora mismo cuatrocientos párrafos enfebrecidos (bueno, igual unos cuantos menos) sobre lo que me gustan los libros de Cordwainer Smith y su saga de “Los señores de la Instrumentalidad” recopilada por Nova en cuatro novelas de edición bolsillo (colección Byblos). De hecho, Paul Myron Anthony Linebarger (su nombre real) ocupa el segundo lugar en mi lista de “Hombres maravillosos que existieron realmente”. Lista que ya veré si comparto algún día con vosotros, si creo que sois merecedores de ello. No prometo nada.
Pero mirad, ya voy por el segundo párrafo y no querría que os cansaráis y dejaráis de leer sin estar convencidos de que mover vuestro culo e ir a comprar “Piensa azul, cuenta hasta dos” por cinco míseros euros es la única cosa con sentido que se puede hacer hoy en día, con estos tiempos que corren. Así que me limitaré a enumerar unos cuantos datos escogidos de su biografía, después transcribiré un extracto de mi relato preferido, con el que creo que algunos lectores van a manchar el pantalón (esperad a leerlo antes de opinar si he sido demasiado gráfica), y finalmente, abriré el libro por una página al azar y seleccionaré un párrafo que me guste, para demostrar que su genialidad es tan constante como extraordinaria. Todo esto ante notario, por supuesto.
Datos Biográficos.
-Nació en Estados Unidos en 1913, pero su infancia transcurrió en China. Allí creció rodeado de chinos sabios que le enseñaron su idioma, pero sobre todo le enseñaron a decirlo todo de forma que pareciera interesante y verdadero.
-En su temprana juventud estudió ciencias políticas y empezó a trabajar para su país natal, especializándose en los asuntos del “Lejano Oriente”. Lo que viene a ser la forma diplomática de decir que se hizo espía.
-Tuvo una historia de amor imposible con una exiliada rusa que le doblaba la edad y se intentó suicidar por ello. Dos veces.
-En la Segunda Guerra Mundial trabajó para el servicio de inteligencia, donde llevó a cabo descabelladas acciones de propaganda y contrapropaganda, que más tarde relataríacon detalle en su manual de “Guerra psicológica”. Un libro muy de moda en el mundillo militar hasta el 58.
-Trabajó para la CIA.
-Publicó un montón de cuentos de ciencia ficción bajo pseudónimo y aunque gente como Frederik Pohl se tiraba de los pelos por saber quién era, él, como buen espía, no soltaba prenda.
-Bebía ácido clorhídrico para aliviar sus digestiones.
-Murió a los 57.
Extracto escogido del relato “Mark Elf”, recopilado en el volumen “Piensa azul, cuenta hasta dos”:
La máquina volvió todas sus cabezas hacia Carlotta.
El artefacto parecía sorprendido. El silbido se redujo a un susurro. El parloteo electrónico aumentó hasta que por fin enmudeció. La máquina se arrodilló.
Carlotta se le acercó reptando.
-¿Qué eres? -preguntó en alemán.
-Soy la muerte de todos los hombres que se oponen al Sexto Reich alemán -canturreó la máquina en un alemán aflautado-. Si la Reichsangehöriger desea identificarme, tengo el modelo y el número grabados en el blindaje.
La máquina se agachó más, y Carlotta pudo coger una cabeza con ambas manos y mirar el borde del casco superior a la luz de la luna. La cabeza y el pescuezo, aunque de metal, parecían más débiles y quebradizos de lo que la muchacha esperaba. Un aire de inmensa vejez rodeaba a la máquina.
-No veo -gimió Carlotta-. Necesito luz.
Una maquinaria inactiva durante largo tiempo crujió y rechinó. Otro brazo mecánico asomó, esparciendo escamas de polvo casi cristalizado. El extremo del brazo irradiaba una luz azul, penetrante y rara que alumbró el arroyo, el bosque, el pequeño valle, la máquina y a Carlotta misma. La luz no hería a los ojos sino que infundía una sensación de bienestar. Carlotta pudo leer. En el blindaje, encima de las tres cabezas, había una inscripción:WAFFENAMT DES SECHSTEN DEUTSCHEN
REICHES BURG EISENHOWER, A.D. 2495Y debajo, en carateres latinos mucho más grandes:
MENSCHENJÄGER MARK ELF
-¿Qué significa “Cazador de Hombres Modelo Once”?
-Soy yo -silbó la máquina-. ¿Con que eres alemana y no me conoces?
-¡Claro que soy alemana, imbécil! -exlclamó la muchacha-. ¿O acaso parezco rusa?
-¿Qué significa rusa? -preguntó la máquina.
Carlotta se quedó bajo la luz azul, presa del asombro, el estupor y el miedo a lo desconocido, que se había materializado de pronto.
Cuando su padre, Heinz Horst Ritter vom Acht, profesor y doctor en física matemática que trabajaba en el proyecto Nordnacht, la había lanzado al espacio antes de recibir una espantosa muerte a manos de los soldados soviéticos, no le había hablado del Sexto Reich, ni de lo que podía encontrar, ni del futuro. Carlotta temió que el mundo hubiera muerto, que los extraños hombrecillos no estuvieran cerca de Praga. Quizás estuviera en el cielo o en el infierno, también muerta; o se encontrara en otro mundo, o en su propio mundo en el futuro; o tal vez hubiera sucedido algo inaccesible, algo que trascendía la compresión humana.
Se desmayó otra vez.
Extracto azaroso, perteneciente al relato “La dama que llevó El Alma” contenido en el mismo volumen.
-Hasta el martes hay tiempo de sobra.
Helen se sintió satisfecha. El anticuado médico conocía los nombres arcaicos de los días, y usaba esos nombres. Era indicio de que en la universidad no sólo había estudiado las cosas esenciales, sino que también había aprendido ciertas intrascendencias elegantes.

Cojonudo. Y ahora cómo le digo yo a mi jefe que tengo que ir un momentito a casa a cambiarme de pantalones…
Creo que los voy a comprar,
[que bien que hayas vuelto!
creo que pronto te pediré consejos de wordpress...
jo jo jo]
jejeje, me ha hecho gracia lo del ácido clorhídrico. ¿A que no adivinas que es el Vispring?
Bueno, al menos esta recomendación sale más barata que cuando hablabas de The Sandman, que me enganché y acabé dejándome una pasta en la edición de tapa dura
“Tengo buen gusto para casi todo”
!!!
Tre-men-da.
Qué casualidad!! Acabé la saga el verano pasado, y así, como quien no quiere la cosa, dejé el primer volumen sobre la mesita de mi hermano de 13 años… que instantáneamente lo leyó. Y el segundo. Y el tercero y el cuarto…
Da gusto leerte. Sí, buen gusto. Para casi todo…
busca a Nat Schachner. yo creo que te molará.