Hace dos noches, fui a la fiesta de cumpleaños de D. Algunos recordarán quién era D. y otros no. Pero no importa, porque eso no tiene la más mínima relevancia.
Resultó ser una fiesta repleta de conocidos. Relaté tantas veces las mismas cosas, los mismos últimos nueve meses de mi vida, que la garganta acabó escociéndome, aún más que los ojos empañados, heridos por el humo. Luego me deslicé rápidamente entre las personas y las cosas, inmune a las miradas, inmune a todo, y me lancé a la oscuridad de la noche de vuelta a casa, y mientras lo hacía noté la sensación maravillosa y feliz, el mágico momento en el que la soledad, la soledad absoluta, cristaliza en una libertad poderosa.
Horas antes, siento lo mismo. Camino por Preciados, a punto de desembocar en Sol, las personas fluyen entre la humedad del aire. Llueve, no tengo paraguas y me estoy mojando, pero tendría que estar cubierta por el fango para no disfrutar de la sensación del viernes por la tarde. Es temprano aún y aunque el cielo está empañado, la promesa del fin de semana hace brillar a las personas, los edificios, las aceras. Entro en el Corte Inglés en busca de un regalo. Un libro es el mejor regalo del mundo y no me perdonaría no llevarle un buen libro a D. en su cumpleaños. Independientemente de que él pueda llegar a saber nunca que es bueno.
Pero no es tan sencillo. Me paso entre los estantes y aunque soy una heroína libre y solitaria en la feliz tarde de un viernes, la elección del libro se me resiste. De repente siento que estoy invirtiendo demasiado de mi precioso tiempo en ello. Reconozco algunos títulos estupendos pero ninguno de ellos me sirve. En la zona de ciencia ficción todo parece demasiado complicado para los no iniciados, especialmente desde que un compañero de trabajo me devolvió Snow Crash sin terminar de leer y me dijo “lo siento, pero me ha escratcheado la cabeza y me he puesto a leer otras cosas”. Me lo esperaba y merece la pena sólo por haber oído esa expresión (creo que a Neal Stephenson le hubiera encantado también), pero estropea mi media de recomendaciones perfectas. Abandono la zona.
Algunos libros, aunque están ahí, tendidos sobre las mesas, al alcance de cualquiera, me resultan demasiado íntimos y personales como para regalarlos. Otros están fuera de consideración. Se trata de D. Me pierdo entre los estantes y el misterioso e inexcrutable orden, que parece alfabético a primera vista pero luego resulta que no lo es. Se me está acabado la paciencia.
Me detengo, me concentro y un nombre aparece nítido y claro en mi mente: Roald Dahl. Localizo el estante de inmediato y escojo Relatos de lo inesperado. No es mi preferido, ni mucho menos, comparado con El gran cambiazo o Mi tío Oswald, pero es su libro más conocido. A D. le debería gustar aunque sólo llegue a leer las primeras historias.
Salgo de la tienda y vuelvo a casa, totalmente satisfecha. Roald Dahl es el regalo o la recomendación perfecta porque si resulta que alguien me dice “lo he leído y no me ha gustado”, entonces sencillamente le dejaré de hablar y no contará negativamente en mi media.
En el andén del metro pienso “Hasta que conquistemos las estrellas no volverán a existir hombres mínimamente interesantes”. Un día se me ocurrió que podría escribir un post sobre mi lista de “Hombres maravillosos que existieron realmente” y esa era la frase con la que pensé que podría empezar. Roald Dahl encabeza esa lista y fue de hecho uno de los últimos hombres mínimamente interesantes que existieron realmente.
Todo lo que sé sobre él y todo lo que ha escrito me resulta tan cercano, tan necesario en mi vida, tan personal, que no sé muy bien por dónde empezar o qué contar exactamente sobre él. Tal vez sólo deba limitarme a comentar cuáles son mis libros favoritos.
Bien, respecto a su producción para el público infantil, creo que todo el mundo sabe que sus libros no han envejecido lo más mínimo y que siguen encantando a los niños y a los adultos, siempre con las geniales ilustraciones de Quentin Blake. Recientemente, según una encuesta, ha resultado ser el escritor extranjero más querido entre los lectores, y no es de extrañar, teniendo en cuenta lo especiales que son sus libros, tan diferentes del resto. A veces sus historias resultan algo macabras o sorprende el uso de un humor tan negro tratándose de literatura infantil, pero ni los más mojigatos podrían abrir el pico porque lo realmente brillante en los libros infantiles de Roald Dahl es que combina esos elementos políticamente incorrectos con una ética impecable. Los libros de Roald Dahl, sin ser lo más mínimamente ñoños, enseñan a los niños a diferenciar entre el bien y el mal de una manera nítida y clara, de una forma tan natural y tan obvia como le resultaba a él mismo.
Cada persona tiene su preferido: Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, La maravillosa medicina de Jorge, Los Cretinos, etc. El mío es Las brujas. Creo, sencillamente, que es el libro infantil perfecto. Tanto en el tono (Roald Dahl JAMÁS se dirigía a los niños como si fueran idiotas, ni tampoco los idealizaba o se pasaba de listo), el tema, la estructura de la trama, los personajes, los diálogos, el humor, la crudeza, la ternura de un final que por muchas veces que lo lea siempre me hace llorar… Es perfecto simplemente.
Respecto a su producción para adultos, no dejo de maravillarme y divertirme con sus historias. Se hizo famoso por su tono algo siniestro y sus originales e inesperados finales que debieron conquistar el pequeño y retorcido corazón de Hitchcock, para que decidiera adaptar algunas a la televisión. A mí, sin embargo, lo que me fascina es cómo están escritas, la ironía, el humor negro, la crueldad a veces y de repente la misma ternura que en sus libros para niños. Roald Dahl podía escribir relatos tan terribles y conmovedores como El último acto o podía simplemente dar rienda suelta a sus geniales perversiones en boca de su depravado alter ego en Mi tío Oswald.
Pero si me tuviera que quedar con un sólo libro de Roald Dahl, sería sin duda Volando solo, una pequeña autobiografía que relata los años que pasó trabajando en África y su intervención en la II Guerra Mundial como piloto de la RAF. Volando solo está escrito en un lenguaje sencillo y se edita como literatura juvenil. Según la edición, la portada da hasta un poco de pena. Es la continuación de Boy (relatos de la infancia) y nunca he oído hablar de él como un gran libro, de hecho, nunca he oído hablar de él en absoluto. Sin embargo, mientras lo leía me daba la impresión de estar sosteniendo entre mis manos una joya, un tesoro. El sentimiento de aventura que trasmite Volando solo, la emoción, las reflexiones sobre la vida, el humor como escudo ante la adversidad… Lo que disfruté leyendo ese libro, todo lo que aprendí y la sensación de vitalidad que transmitió, es para mí la esencia de lo que debe ser la lectura. Y el título (Going solo, en realidad) se refiere ni más ni menos que a esa experiencia de soledad absoluta, esa percepción de la individualidad convertida en libertad, en la mayor satisfacción que una persona puede tener.
Es natural y necesario enamorarse platónicamente de los libros y de las personas que los escriben. Yo creo que nunca lo he estado tanto de una voz, de un narrador, como estoy enamorada de la escritura de Roald Dahl, de la persona que vivió, amó la vida y dejó constancia de ello. Esta navidad comencé a releer El guardián entre el centeno, un poco porque hacía mucho que no lo hacía y otro poco porque me sentía algo traidora, respecto a Salinger. Y ya no fue lo mismo. Es curioso cómo cambiamos y cómo se nos hace imposible seguir queriendo igual a las mismas personas y hasta a los mismos libros.
Me dejo tanto que decir acerca de Roald Dahl, tantas cosas interesantes que contar sobre su vida… Pero este post está quedando monstruosamente largo y debo terminarlo ya. Miro todas estas frases, estas ideas, estas palabras desparramadas y mal ordenadas (¡es tan difícil hacerlo bien!) y no me extraño de que todos los nombres, todos los hombres muertos de mi famosa lista no sean otra cosa que escritores.

tu compañero de trabajo es un necio
PD: mi favorito fue James y el melocotón gigante: la parte en la que los tiburones comienzan a devorar la base del melocotón me enseñó lo que era el terror… creo que desde entonces le tengo miedo al mar. De su obra para adultos.. tengo la suerte de no haber leído nada todavía
sinceramente creo que yo no sería la misma persona si de pequeña no hubiese tenido a roald dahl, me acuerdo que cuando era pequeña en el colegio inglés tenía una profesora muy muy guay (mrs holmes) que todos los viernes nos leía un poco de james y el melocotón gigante, era el mejor día del colegio!!
y sobre lo de salir de cualquier sitio y que se cristalice la soledad, te puedo decir que para mí es una de las mejores sensaciones del mundo..
recuerdame que cuando nos veamos te cuente una anecdota sobre quentin blake y espero, en tal ocasión, recibir noticias de los progresos de simba
“Es curioso cómo cambiamos y cómo se nos hace imposible seguir queriendo igual a las mismas personas y hasta a los mismos libros.”
Si, se que tu post no habla precisamente de eso. Pero ya ves, suelo quedarme con este tipo de cosas. Es curioso últimamente pienso lo mismo y no, al unísono. Hay ciertas cosas que permanecen inmutable al tiempo y al espacio, como un eco de un pasado que siempre fue mejor… ¿No te ocurre a ti con algo?, ¿No hay nada que te haya gustado siempre?.
Gracias. Precisamente hoy es el cumpleaños de una amiga y creo que le va a encantar Roald Dahl.
Kroy: Sí, a mi compi le perdono porque le gusta el jazz, pero vamos, lo de Snow Crash marca un antes y un después.
Jenny: No sé nada de simba. Eso me recuerda que me voy a comprar los dvds pero ya.
Kus: No sé si hay algo que me haya gustado siempre, pero prefiero no pararme a pensarlo porque probablemente ya no lo tenga. Lo de la nostalgia es un pésimo vicio. Tengamos fuerza de voluntad y digamos NO a la nostalgia.
2+2=5: Claro que sí. Y si no, no olvides dejarle de hablar.
Querida Winnie Mandela:
Mi prefe de Dahl es “Los secuestradores de burros” porque con él aprendí a besar.
Besos
Yoko Ono
roald dahl
parte fundamental del crecimiento emocional de cualquier ser humano… yo tengo miles de cosas que agradecer a su cabeza. A sus letras. Espero que mi hijo piense lo mismo cuando sea grande, yo por mi parte no dejaré de leerle los pocos libros que tengo de él a mi alcance.
No sé si se me creerá, pero el pasado 6 de enero fui a las librerías buscando un regalo para el cumpleaños de un amigo y escogí ese libro. Menuda coincidencia.
No sé por qué querida, pero con esta última recomendación me has parecido un ser adorable… yeah! ñ__ñ
Besos
“Resultó ser una fiesta …… los edificios,las aceras.”
Emocionante como el arranque de una gran novela y que me ha hecho divagar mucho.
Te ahorro mundanas reflexiones,salvo ésta: sería entrañable una aplicación tipo java al estilo “chateando con aracne” y un proceso de subasta entre tus lectores de los preciosos minutos que dedicases con ella.
Yoko Ono: Me volví loca buscando ese libro en la biblioteca después de aquella conversación que tuvimos (Vips. 2 de la mañana. 1945), pero no es de Dahl, es de un tal Durrel!
Pia: Mi hijo/a/os tienen una lista tan larga de libros por leer que probablemente se nieguen a ser siquiera concebidos.
Plan Verde: Pues claro que le creo, hombre. Hay una cantidad desmedida de gente que tiene la desgracia de nacer en esas fechas y lo menos que se puede hacer por ellos es regalarles a Dahl.
Noe: No te parezco un ser adorable desde siempre? Pues es curioso, porque justo en este post me caigo bastante mal.
Eniguan: Me encanta que me hagan la pelota, de verdad, pero cuando la cosa llega a este punto empiezo a sentirme muy incómoda. Más que nada, porque deja de ser creíble hasta para mí.
No te peloteo,el tramo de texto que te dije es bárbaro.
Por otra parte me hiciste pensar mucho sobre tu interpretación del lector frente a una obra,al dudar sobre si realmente creías éso no pude evitar la impotencia ante no poder charlar de ello,a ver acabo de recordar un ejemplo claro,recuerdo un post que hablabas del tote king,de que te gustaría poder comentarle tu visión sobre muchos temas,esto evidentemente tras hacerte pensar con alguna de sus frases,pues lo mismo pero con el privilegio de poder comentártelo.Ahora bien,entiendo que pude haber agotado tu paciencia en otros posts,mi intención era agradecerte buenos ratos,me censuraré en adelante.Saludos
Me muero de la vergüenza. Es totalmente cierto, Gerald Durrell es mucho menos perverso que Roald… o no… o era entrañable? No sé…
Gerald Durrell no es perverso, es simplemente implacable. Yo he llegado a la conclusión de que no tiene casi sentimientos para con los humanos (y un poco con los animales, pero sin exagerar). Pero es que está demasiado ocupado para tenerlos, no los necesita. Le envidio terriblemente. El que es entrañable es su hermano Larry.
Sí, estoy divagando y nadie me ha pedido la opinión, y qué? Son mi familia imaginaria y necesito puntualizar.
A mí Roald Dahl me sabe a las primeras versiones originales. Matilda fue mi segundo libro en inglés y aunque Reading Comprehension no era una asignatura pensada para personas que, todavía hoy, somos incapaces de soltar una trama por atender a un diccionario, recuerdo que terminé el libro con una mezcla de pena y satisfacción. Con una sensación que nunca he vuelto a saborear en los menús de otros libros.
De George Durrell sólo he leído Mi familia y otros animales, pero te enseña a cómo besar los pies de San Espiridón y pillar la gripe, y también me vale para creer que es persona digna de post. Si no lo hace Aracne que lo hagan Locusta o 2+2=5.
Saludos!
Hablando de todo…metete en la web de este pintor.www.juanfranciscocasas.com
Cagate Pedrin, y yo garabateando poyas y tetas en los libros del insti!
El Juanfran este si que es un puto crack y ademas tan solo con un puto boli bic!!
Hace un montón que no entraba en tu página. Jo cómo has cambiado!
) escribes mucho mucho mejor que antes, a mí al menos me llegas más hondo.
Saludos desde Bangladesh.
(Ah sí, me he ido a vivir a Bangladesh
Paco.
Me daban escalofríos mientras leía tu post. Es cierto que sólo refleja una parte de lo que los que estamos enamorados de Roald Dahl sentimos, pero la refleja muy bien.
Hace un año y medio leí en una semana todo lo que había de Roald Dahl en la biblioteca pública. Ya le conocía como escritor para niños, pero no sabía que sus cuentos para adultos fueran tan brillantes. Fue una de las veces que más he perdido la cabeza por un autor: no estudiaba, no comía, no hablaba con mis compañeras de piso; no hacía otra cosa que leer. Me fascinan su cerebro, su imaginación y su ingenio, pero lo que más me gusta de él es la forma en la que su inteligencia se combina con su ternura y un sentido del humor sin límites.
No sé si habrá otro hombre en el mundo capaz de escribir unos cuentos para adultos tan buenos, pero de lo que sí estoy segura es de que nadie puede a la vez escribir eso y los libros infatiles que él escribió. En ese sentido, me encanta eso que dices de “Roald Dahl JAMÁS se dirigía a los niños como si fueran idiotas, ni tampoco los idealizaba o se pasaba de listo”. Es difícil encontrar a un escritor infantil que respete tanto a los niños como él; no sólo los valora como lectores, sino que en sus libros hay un enorme amor hacia sus personajes infantiles. Pocos personajes de novelas para adultos son tan completos, tan redondos y están tan vivos y cuidados como Matilda o Charlie.
Me está resultando dificilísimo describir lo mucho que me encanta Roald Dahl, pero estoy segura de que me entiendes. En sus libros habla mucho de sus experiencias en los internados ingleses, de las palizas y los abusos de los alumnos mayores y los profesores, pero habla de ello sin rastro de resentimiento, como una persona que, en lugar de endurecerse frente a lo malo de la vida, ha conseguido volverse tierno. Es curioso como todos sus relatos combinan el humor negro y casi la crueldad de los que hablas con una dulzura enorme.
Me gusta mucho la foto de él que has puesto: en su sillón, con su mantita a cuadros, escribiendo bajo la luz del flexo. Autores como él me hacen pensar que realmente merece la pena escribir, que un escritor puede proporcionar una felicidad enorme, la sensación de plenitud y de alegría que sientes cuando lees y notas en cada una de las fibras del cuerpo todas las cualidades que él tenía como persona, todo lo que fue, todo lo que amó y quiso transmitirnos.
En fin, es un comentario algo confuso y además es un poco demasiado largo (lo siento), pero es que me veo superada por mis sentimientos. Espero haber transmitido al menos parte de lo que quería… aunque si no lo he conseguido, ahí está tu estupendo post.
Gracias por alegrarme el domingo.
Hay que ver el contraste de comentarios entre una entrada y otra, eh? Bueno, querida Aracne, cuidate y sigue deleitándonos con tus recomendaciones.
Es curioso. Releyendo este texto me acabo de dar cuenta de que finalmente regalé a mi amiga, además de los Relatos inesperados de Dahl (el único título que tenían suyo en la Fnac del Triangle), los tres volúmenes del Criptonomicon de Neal Stephenson. Sin pensar, al menos conscientemente, que este autor también aparecía (aunque de refilón) en tu post.
Ayer vi “Charlie y la fábrica de chocolate” y debo confesar que fue mi primer acercamiento a Dahl. Naturalmente, habrán muchos más. En los extras del DVD había un pequeño documental sobre él. Se le veía en su casita de escribir, el mismo escenario de la segunda foto que has colgado, con sus libretas y sus seis lápices perfectamente afilados.
Ah, sabía que a mi amiga le gustaría Dahl. Ella te lee. Tiene muy buen gusto para casi todo, como tú. Yo siento últimamente que necesito leer ese “Going Solo”. A ver si lo encuentro en algún sitio.
Tú también me descubres muchos tesoros, querida compañera del pupitre de hielo. Esta tarde me he zambullido, arrastrando el pie, en la Casa del Libro, en la sección de literatura juvenil, esa en la que dentro de poco ocupará un lugar tu nombre, y he comprado un libro de Roald Dahl, Matilda, para mi sobrina, la niña melancólica. Me pidió una tarjeta para un móvil que heredó de mi hermana, horror. Obviamente, he hecho caso omiso. Tiene nueve años, dónde iremos a parar.
Es la primera vez que dejo aquí un mensaje, pero me ha hecho gracia ver que hay por lo menos otra persona que a veces confunde a Dahl y Durrell. Salvo Matilda y Las Brujas, creo que según el día podría atribuir todos sus libros (los de los dos) a uno u otro indistintamente. Que en realidad no sé por qué, ¿será que empiezan por D y acaban en l?
Bueno, tb tengo claro de quién es la Guía del Naturista, libro esencial para hacer bulto en toda biblioteca.
Las brujas también fue mi libro favorito, y eso a pesar de leérmelo tan de peque que hasta estuve unas noches teniendo pesadillas! A pesar de eso me siguió encantando (hey, y la adaptación cinematográfica no está del todo mal :S)